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Miércoles Oct 18

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XXX Años de la evolución artística del escultor Hernández Navarro en la Semana Santa de Murcia

 

Conferencia pronunciada por Antonio Barceló López en Callosa de Segura

Miércoles de Ceniza,trece de Febrero de dos mil trece

 

Biografía

En el bello paraje huertano de Los Ramos, nació José Antonio, en el año 1954 siendo el mayor de cuatro hermanos.

Desde su infancia ya se le reconocía su amor por el arte, y sus cualidades para el oficio.

Sus estudios se enfocaron a compaginar sus anhelos, finalizando el Bachillerato, en la especialidad de dibujo y modelado en la Escuela de Artes y Oficios, mientras desarrollaba sus conocimientos en los talleres de algunos reconocidos maestros como Sánchez Lozano, y Lozano Roca.

Con apenas quince años, talló la bella imagen de Santa María de las Huertas, para una capilla del Rincón de Almodóvar, perteneciente a Los Ramos, y que en la actualidad se venera en su ermita.

Ese mismo año empieza a trabajar de modelista con el artesano belenista Serrano Moñino. Tres años después, en 1972 pasa al taller de los hermanos Griñán en Puente Tocinos.

Llegado 1982, debutó con el paso procesional La Coronación de Espinas, al participar por primera vez y ganar el concurso convocado por la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, de la ciudad de Murcia.

A partir de entonces, se sucederían continuos encargos, tanto de pasos procesionales como esculturas exentas, abandonado su tarea de modelista en 1986, para dedicarse únicamente al oficio de escultor. Su primer taller sería en su propia vivienda familiar, en la parte superior, concretamente en la calle Saturno, de allí saldrá una vasta producción escultórica; hasta 1997 que decide cambiar de taller y domicilio en una casa de nuevo construcción en la Vereda del Chocolate de su pueblo natal de Los Ramos.

A pesar de su juventud, en su ya vasta producción habrá tallado unas 160 imágenes aproximadamente distribuidas por Murcia y su Región y por distintas provincias de España: Cuenca, Valladolid, Zaragoza, Albacete, Alicante e incluso fuera de nuestras fronteras: EEUU.

Por otro lado, la peña huertana de “La Pava” ha visto como se ha ido enriqueciendo su Belén, a lo largo de los años en que le han encargado los diversos misterios y los huertanos ilustres, que cómo pastores se diseminan por el paisaje rural.

Hernández Navarro es aún joven, y los encargos procedentes principalmente de multitud de lugares de la geografía española no faltan en su taller, dónde la madera es su principal soporte, y el barro y plastilina conforman esos bocetos plenos de ingenio y sabiduría.

 

Estilo y definición de su obra

El artista ha evolucionado progresivamente en su obra, logrando arriesgarse en iconografías innovadoras, demostrando imaginación y buen conocimiento de los relatos evangélicos, lo que deriva en escenas nuevas, y atractivas en arte escultórico.

Es perfeccionista en el naturalismo, preciso en los cánones y proporciones de la escultura, demostrando un conocimiento exhaustivo en el estudio anatómico.

Su obra es básicamente religiosa y su principal material es la madera. En cuánto a sus policromías, la tendencia de estos últimos años deriva en tonos planos, sin apenas ornamentos u oro, que reserva a las imágenes de Gloria.

 

A pesar de su juventud, en su ya vasta producción se aprecian ciertas influencias de las grandes escuelas como la murciana, castellana e italiana; y dada su evolución, a buen seguro engrosará un capitulo importantísimo en el mundo de las Bellas Artes.

 

Su labor en la Semana Santa murciana

Hernández Navarro posee un nutrido número de pasos en las Cofradías murcianas.

Por orden de salida en procesión desfilan: La Sagrada Flagelación de 1994-96 en la Cofradía del Amparo; La Santa Mujer Verónica, de 2003; Sagrada Flagelación de 2007, y La Coronación de Espinas 2009-13, en la Cofradía de la Caridad; La Entrada Triunfante en Jerusalem, de 1984-87 en la Cofradía de la Esperanza; Getsemaní de 1996, Coronación de Espinas de 1982, y El Ascendimiento de 1988 y Los Ángeles de la Pasión de 2012 en la Cofradía del Perdón; Jesús en casa de Lázaro, de 1985, y El Santísimo Cristo de las Penas, de 1986, para la procesión de Miércoles Santo en la Archicofradía de la Sangre y para la del Jueves Santo el Stmo. Cristo del Amor en la Conversión del Buen Ladrón en 2011 en la misma Archicofradía carmelitana; El Descendimiento de 2001, de la Cofradía de la Misericordia; y finalmente Cristo de la Aparición a los Apóstoles de1994, y Ascensión en los cielos,2001, en la Cofradía del Resucitado.

La totalidad de las obras talladas por Hernández Navarro desde 1982 hasta el 2013, han sido cuarenta y cinco esculturas distribuidas en tres imágenes individuales, mientras las cuarenta y dos restantes son las que integran los doce pasos de misterio.

 

Cronología y evolución de la obra

En estos treinta años de trayectoria el estilo del maestro Hernández Navarro a pesar de ser autodidacta ha evoluciona en relación a los encargos recibido en la Semana Santa de Murcia.

Estilísticamente se pueden marcar tres etapas, unidas a los cambios de técnicas e innovaciones.

 

Etapa de Iniciación (1982-1988)

En esta primera etapa de su juventud continua la fiel tradición de la escuela levantina, que tiene como referente a Nicolás de Bussy y fundamentalmente de la técnica plástica de Francisco Salzillo. Aunque Hernández posee una impronta muy personal que marca diferencias con respecto a sus fuentes de inspiración.

Los primeros encargos le darán un gran prestigio como escultor por la maestría de las innovadoras composiciones, el valor emocional que trasmiten sus esculturas, la estética preciosista y la acentuada anatomía realista que consigue principalmente con la precisión en la talla y las distintas técnicas en la policromía.

 

I/Año 1982.- Coronación de Espinas (Cofradía del Stmo. Cristo del Perdón)

 

Representa la trágica escena en la que Jesús es coronado de espinas tras la flagelación.

Realizado en 1982, este grupo escultórico fue su primera obra pasionaria tras ser aprobada en el concurso convocado por la Cofradía. Tallado con maestría, su disposición es equilibrada y armoniosa, los rostros de sus personajes son expresivos, y las anatomías proporcionadas.

Cristo

Sentado sobre una banqueta de madera, sufre ese martirio con resignación y tristeza, siendo coronado de espinas por uno de los sayones con un flagelo, mientras el otro le acerca la caña.

Su anatomía está bien elaborada en un cuerpo casi desnudo salvo por el paño de pureza, apreciándose las abundantes heridas de los azotes. La cabeza aparece girada hacia su derecha debido a la presión ejercida al colocarle la corona, donde se puede apreciar el bello rostro sumido en un profundo sufrimiento con la boca entreabierta, ojos de cristal entornados, sangre por su frente, y moratones sobre una encarnación clara. La corona de espinas está superpuesta sobre un cabello moreno ondulado y tallado con soltura.

 

Sayón que corona a Cristo

En disposición de ejercer fuerza para colocar la corona de espinas sobre la cabeza de Jesús, éste apoya el pie sobre la banqueta para facilitar el esfuerzo al tiempo que se ayuda de la empuñadura de un flagelo para encajar la corona sin clavarse las espinas.

Este personaje evidencia la influencia de Salzillo en las primeras obras del escultor Hernández Navarro, con una anatomía corpulenta y encarnación más morena, destaca un rostro de odio y desprecio hacia Jesús, y cómo se muerde el labio inferior al ejercer mayor presión en su acción

 

Sayón frente a Jesús

En el ángulo derecho delantero, se dirige a Jesús sacándole la lengua en forma burlesca, mientras se dispone a colocarle una caña a modo de cetro, al tiempo que con la otra mano agarra ramas de zarza espinosa. Vestido tan sólo con un pantalón verde y botines, muestra el torso desnudo y anatomía corpulenta. Sus cabellos pelirrojos potencian su apariencia de maldad.

 

II/ Año 1984-87:- Entrada Triunfante de Jesús en Jerusalén (Cristo de la Esperanza)

El paso recoge la escena en que Cristo hace su entrada en la ciudad de Jerusalén montado en una burrica; acompañado en este caso por Santiago El Mayor, una mujer hebrea y un niño.

El grupo fue realizado en distintas etapas; concretamente las tallas de Jesús y la borrica fueron del 1984, completándose la escena en 1987. Talladas las esculturas en madera policromada, la única estofada aparece en la efigie de Salvador.

Jesús

Cristo aparece en el centro de la composición sentado sobre el borrico en su entrada triunfal en la ciudad Santa de Jerusalén. Alza su mano izquierda en actitud de bendecir al pueblo que le aclama con palmas y olivos, mientras con su mano diestra agarra las riendas. La posición elevada de Jesús sobre el animal refuerza su dominio del espacio, y viene a crear una composición piramidal para todo el grupo que potencia la visión de la escena.

De su primera etapa, y estilo barroco, mide 1’57 x 0’62 metros. La faz de Cristo es de una excepcional belleza y clasicismo, con encarnación muy clara y matices sonrosados que contrastan con un cabello oscuro. La túnica está policromada en malva claro, y estofada con formas geométricas, remangada hasta el codo, y con manto en color encarnado.

Santiago El Mayor

A su izquierda, le acompaña el apóstol, que porta en su mano izquierda una palma mientras con la otra señala al Mesías. Gira su cabeza y mira a Cristo con admiración. Destaca una realista y delicada anatomía adecuada a su madurez, con una amplia calva reluciente sobre el cabello oscuro. Viste túnica marrón oscura y manto del mismo color pero en un tono más claro.

Mujer Hebrea

Ubicada a la derecha de Jesús, en disposición de caminar junto a su hijo entre la muchedumbre al que muestra la escena, su rostro es expresivo y jubiloso; vestida  al estilo hebreo, con túnica azul ceñida por un fajín, y  tocada por un tejido beige a rayas que le cubre la cabeza.

Niño

La tierna escultura del niño aporta dulzura y sensibilidad. Sus rasgos y anatomía son los adecuados, vestido con colores planos en su túnica granate ceñida por un tejido a rayas. Dirige su mirada a Cristo y extiende la mano izquierda como si quisiera tocarlo y alabarlo, mientras prende una pequeña palma.

 

III/Año 1985: Jesús en Casa de Lázaro (Archicofradía de la Preciosísima Sangre)

La escena representa el entrañable momento vivido durante la visita de Jesús a su amigo Lázaro en su casa de Betania, dónde también se encontraban sus hermanas, María y Marta.

Este paso fue creado por el escultor en 1985 y costó 1.650.000 pesetas. Compuesto por cuatro imágenes entorno a una mesa, Jesús y Lázaro están sentados a ambos lados, al tiempo que María escucha arrodillada en actitud contemplativa, y Marta se dispone a servir el pan.

Esta obra pertenece a la primera etapa del artista, dónde se aprecia la influencia tan arraigada en Murcia del inmortal Salzillo, sobre todo en la imagen de Jesús. Destaca la expresión de los diversos rostros, que evidencian una personalidad y actitud bien diferenciadas. Talladas con delicadeza y maestría, despiertan simpatía en una escena todavía anterior a la Pasión de Cristo.

Jesús

Tallado en madera de pino de Flandes. Sedente, apoya su codo derecho sobre la mesa mientras la mano izquierda queda extendida dando vida a la conversación. Expresivo y bello, su cabello oscuro ondulado, contrasta con la túnica blanca estofada ceñida a la cintura, junto al manto encarnado y estofado que reposa sobre el asiento.

Lázaro

Sentado a la mesa, apoya el codo izquierdo mientras lleva la mano a la barbilla en un claro ademán de escucha y reflexión. Viste túnica marrón oscura de gran sencillez y austeridad, que contrasta con la de Jesús.

María

Arrodillada junto a Jesús, escucha con admiración sus palabras. Vestida de color azul, destaca por su larga melena morena y ondulada, y por un rostro sereno y bello.

Marta

Aparece de pié, en disposición de servir el pan sobre la mesa. Destaca su belleza helénica, vestida de verde y granate, que contrastan con el  pañuelo blanco que toca su cabeza y la carnación clara de su piel.

 

IV/Año 1986.- Cristo de las Penas  (Archicofradía de la Sangre)

Presenta esta terrible escena el momento anterior a la Crucifixión; cuando un sayón tira de la cuerda que rodea el cuello de Jesús, mientras un soldado romano ordena la inminente crucifixión al señalar con el dedo índice la cruz ubicada en el suelo del trono.

El grupo escultórico realizado en 1986, es remarcable por el dramatismo y tensión de la escena, conseguido a través de la expresión de los rostros y múltiples heridas en el cuerpo martirizado de Jesús, junto a unos músculos muy marcados por un rico estudio anatómico. Tallada, policromada y dorada, esta obra pertenece a la primera etapa del escultor, aunque ya se aprecia una importante evolución.

Cristo

Representado con gran dramatismo, su rostro y cuerpo ya martirizados captan el fuerte dramatismo de la escena. Destaca la precisa talla en la anatomía de este cuerpo casi desnudo, salvo por el paño de pureza que le envuelve, dónde se puede apreciar una gran cantidad de hematomas y heridas.

Sayón

En plena tensión y esfuerzo, tira de la cuerda que rodea el cuello de Jesús, mostrando su musculación y rostro de fealdad, dónde destacan sus tensas facciones y ojos azules.

Soldado Romano

De belleza clásica y seriedad en un rostro, este soldado ordena la acción al señalar con el dedo índice la cruz ubicada en el suelo, mientras agarra con la mano derecha una espada tallada. Su armadura es de oro patinado, y el resto de policromía en tonos mates.

 

II. Etapa o Definición de estilo 1988-1996

Nuestro artista comienza un planteamiento distinto en el estilo de sus esculturas con el abandona definitivamente los esquemas salzillescos y la búsqueda de un nuevo resurgir de su obra con ciertas influencias de la escuela vallisoletana, donde tiene como referencia a grandes maestro este es caso del Gregorio Fernández. Abandona definitivamente la notable anatomía de sus personajes; los postizos (pestañas, pelo natural, ojos de cristal) y los ropajes enlienzados; así como sustituye la policromía brillante salzillesca por un acabado mate en sus policromías, así como la menor utilización de dorados o estofa.

Es en este periodo cuando Hernández comienza a sentirse  escultor y prefiriendo la obra tallada integramente aunque a veces se ve obligado por la demanda a ejecutar alguna imagen de vestir.

 

V/Año 1988.- Ascendimiento de Ntro. Señor Jesucristo (Cofradía del Perdón)

Una vez clavado en el madero, Jesús está siendo alzado por tres sayones con el fin de encajar la Cruz en la tierra. Este tema iconográfico del Ascendimiento fue la primera vez que se representó en Murcia, siendo de su etapa inicial y la segunda obra en la Cofradía del Perdón, que salió en procesión el Lunes Santo, 28 de marzo de 1988.

Jesús

Crucificado por tres clavos a una cruz plana de madera, resalta el intento de mayor veracidad aportado por el artista al situar los clavos en las muñecas, no en las manos, con el tercer clavo taladrando los dos pies.

Su rostro posee una gran expresividad que funde el dolor con la majestuosidad. La anatomía es exquisita, aunque no prodiga en el abuso de sangre, heridas o hematomas, salvo algunas cruciales, como las sufridas por la corona de espinas y clavos. El único postizo que porta es la corona de espinas superpuesta, ya que el paño de pureza anudado en la cintura está tallado.

 

Sayón situado a la derecha de Jesús

Dispuesto a guiar el remate de la Santa Cruz para introducirla con ambas manos en el hoyo abierto en el Calvario, su cuerpo forzado muestra con naturalidad una anatomía precisa, sin exagerada corpulencia. Su rostro no es malvado ni refleja ira a diferencia de otros sayones. Va vestido con calzón y tirantes.

Sayón situado a la izquierda de Cristo

En tensión por el esfuerzo y peso soportado, destaca el gesto de su boca que  denota fuerza y rabia al mismo tiempo, mientras empuja con ambas manos y soporta con el hombro derecho la cruz; y su vestuario se ciñe solo al calzón marrón, mostrando una anatomía bien tratada y musculatura más definida por el esfuerzo.

Sayón situado en la parte posterior

Esta escultura mide es el más corpulento de todos y agarra con ambas manos la cruceta de la Cruz, mientras empuja para alzar el madero, dirigiendo la mirada al frente para controlar la maniobra. Moreno y con incipiente calva, su anatomía es correcta ante la acción. Lleva muñequeras en sus manos, va vestido con una faldilla azul y correa ancha con hebilla simulando el cuero

 

IV/Año 1994.- La Sagrada Flagelación ( Cofradía del Stmo. Cristo del Amparo)

Este paso recrea la Flagelación a Jesucristo por un sayón romano que le azota con un látigo, mientras que la túnica sagrada de Cristo reposa sobre un sillar. Por la premura del tiempo, solamente desfiló en el primer año la imagen de Jesús, mientras que el sayón fue esculpido dos años más tarde.

Desfiló por vez primera el Viernes de Dolores, 25 de marzo de 1994; y su coste ascendió a 3.000.000 pesetas, por ambas esculturas.

En el año de celebración del X Aniversario de la Fundación del paso 2004-05, los cabos de andas y nazarenos-estantes donaron una túnica tallada con un sillar, cuyo ejecución ejecutó el mismo escultor como complemento al conjunto escultórico.

Jesús

Tallada la imagen en madera de pino de Flandes, y policromada con maestría, sus dimensiones son 1’82 x 1’12 x 0’92 metros, con proporciones precisas y exquisita anatomía, elegancia en el porte, y majestuosidad patente en el rostro.

Su bello semblante trasmite serenidad, mientras gira suavemente la cabeza hacia la derecha, en cuyo lado se desliza un mechón con soltura sobre su hombro. De su boca entreabierta se asoman unas gotas de sangre que acentúan el sufrimiento.

La espalda traumatizada presenta lesiones que llegan a producir grandes heridas y fuertes contusiones con hemorragias. Su posición es la normal o esperada de cualquier flagelado, al que se le obligaba a abrir las piernas para recibir los azotes.

Sayón

En la parte posterior del trono, se sitúa esta escultura de tamaño natural en madera policromada, cuyas dimensiones alcanzan los 1’78 x 0’83 x 0’85 metros. El estudio anatómico está bien tratado, y el tono de su piel es algo más oscuro que el de Jesús. Viste calzón marrón, sujeto por un  cinturón de cuero con tirantes, y calza botines romanos.

 

Representado con gran furia y plena tensión, su aspecto es malvado y opuesto al Salvador. Su rostro presenta la fuerza que ejerce por su esfuerzo, al contraer los músculos de la cara y mostrar sus dientes con la boca entreabierta reflejando ese estado de odio y agresividad. La cabeza totalmente rapada acentúa su fiereza y maldad; mostrando muy sutilmente  el vello naciente de su cabeza, bigote y barba bien rapados.

Túnica

Tras Jesús, la túnica tallada se posa sobre un sillar con soltura y gran realismo;  destacando por su policromía en color magenta.

 

VII/Año 1994: Jesús del paso “La Aparición a Santo Tomás”(Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado)

 

El paso representa el momento en que Jesús se dirige al incrédulo de Santo Tomás el Mellizo, al que muestra la llaga de su costado en su segunda aparición a los discípulos. Compuesto por doce esculturas, el Cristo de Hernández Navarro se adapta perfectamente al resto del grupo de Sánchez Araciel, enriqueciendo la armonía y belleza del conjunto

Jesús

Centrado en la escena, destaca Cristo majestuoso ante sus apóstoles, tallado totalmente en madera policromada y estofada, de rostro muy expresivo y sereno al mismo tiempo, con facciones delicadas, barba corta y cabello ondulado. La túnica y el cíngulo de Jesús son encarnados y de fina estofa geométrica.  .

VIII/Año 1996: Getsemaní  (Cofradía del Stmo. Cristo del Perdón)

Representa el momento en que Cristo está orando con su Padre en el Huerto de los Olivos; siendo este paso el que abre la procesión magenta del Perdón junto a la Hermandad de Promesas.

La realización de la imagen en tamaño un poco mayor al natural en madera policromada, fue entregada en 1996, por el precio estipulado de 1.700.000 pesetas.

Jesús

Esta imagen aparece arrodillada y en actitud de oración contemplando el simbólico cáliz que se encuentra entre las ramas de un olivo.

De las obras más destacables de su segunda época, mide 1’82 x 0’80 x 1’02 metros; tallado en madera policromada con precisión en la anatomía y pliegues en su vestimenta, cuyos colores producen un amplio contraste y vistosidad, con el granate de su túnica y el verde del manto.

 

III. Madurez Artística

Con el comienzo de siglo Hernández Navarro vuelve a dar un giro a su obra buscando ideales clásicos y manieristas que propiamente, barrocos.

Su arte sufre una metamorfosis de carácter espiritual tal y como marcaba la Contrarreforma, con una tipología de figuras alargadas y delgadas. Cristo estará idealizado sin sufrimiento con unos  cánones más esbelto, el cabello lacio con mechones expresivos, nariz saliente, pómulos rectos, mejillas rehundidas, barba alargada. Sacrificará la anatomía y la proporción en beneficio de la expresión donde adquiere un valor fundamental. Esto le lleva a largar enormemente las proporciones con la intención de aumentar mucho más el misticismo y en consecuencia desdeña la sangre.

Además Hernández posee mayor dominio de la técnica y del soporte, como demuestra en el Descendimiento tallado en el mismo bloque de madera.

La policromía es satinada logrando realzando mucho más los personajes.

 

IX/Año 2000.- La Ascensión (Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado)

Representa el momento culminante de la Ascensión de Jesús a los cielos, donde Éste aparece centrado en la escena en disposición ascendente, mientras María y San Pedro oran, Santiago el Mayor cae arrodillado, San Juan se protege del resplandor, y un niño señala el acontecimiento mientras sirve de nexo de unión con el público que lo contempla.

Este magno proyecto se llevó a cabo en el año 2000, por un precio total, incluido el trono, de veintitrés millones de pesetas. Formado el paso por seis esculturas de un tamaño algo más elevado al natural, están talladas, policromadas y doradas, con maestría.

Jesús

En plena acción, Jesucristo se presenta con los brazos abiertos y alzados, elevado del suelo gracias al manto rojo tallado que desciende de su cuerpo y le une como fuerte soporte al trono, consiguiendo así la impresión mayor de gravitar con gran naturalidad.

Totalmente tallado, la anatomía es elegante y precisa, el rostro bello y expresivo, junto a una encarnación clara, y cabello oscuro. Mide 2 x 0’60 x 0’60 x 0’80 metros; y la túnica posee un color marfileño, con pliegues rectos que aportan un mayor movimiento a la imagen, destacando el vivo manto rojo que se desliza por encima de su costado derecho hasta el suelo del trono en la parte posterior, dejando ver los pies suspendidos y sus llagas.

Virgen María

Semiarrodillada ante su Hijo, se muestra en actitud de plegaria con las manos unidas, y con un rostro expresivo e impregnado de cierta serenidad y belleza.

Tallada y policromada con delicadeza y precisión, viste a la usanza hebrea con una túnica azul ceñida por un cíngulo en el mismo color, y tocada su cabeza por un velo en color crudo. Posee unas medidas de 1’45 x 0’90 x 0’54 x 0’51 metros.

Santiago el Mayor

A la derecha y enfrente del Mesías, se sitúa este apóstol arrodillado y con los brazos extendidos en actitud declamatoria, con un rostro atónito interpretado por unos ojos penetrantes, mirada profunda, y boca entreabierta de gran realismo.

De talla completa y policromía plana, su túnica en color anaranjado mate se ciñe a su cintura, donde se acentúan unos pliegues rectos trabajados con soltura. Mide el apóstol 1’36 x 0’36 x 0’40 x 0’93 metros.

San  Pedro

Ubicado a la derecha de Jesús y en un plano posterior, ora con intensidad y devoción, con las manos entrelazadas y los ojos cerrados en una mayor concentración.

Iconográficamente, el escultor no continúa el modelo más usual utilizado para este apóstol que suele mostrar su vejez gracias al recurso del cabello canoso, sino que en esta ocasión lo oscurece sin dudar, respetando una prominente calva; junto a una anatomía adecuada a un hombre maduro. Tiene unas medidas de 1’36 x 0’50 x 0’80 x 0’51 metros. Viste la imagen con túnica color vino y manto marrón claro.

San Juan

En la parte posterior, el apóstol queda deslumbrado ante la luz resplandeciente de la figura de Jesucristo Resucitado, por lo que se lleva la mano izquierda hacia los ojos con la intención de protegerse.

Su talla preciosista es la de un joven apuesto, aún imberbe, rostro delicado, y corta melena castaña, que viste con túnica azul y manto burdeos. Sus medidas ascienden a 1’78 x 0’45 x 0’50 x 1’13 metros.

Niño

En la parte anterior del trono, con cierta independencia de la escena, este personaje señala la Ascensión, sirviendo de enlace al inmiscuir con un magistral escorzo a todos los espectadores que lo contemplan.

Tallado con gran realismo, su anatomía y rostro infantil están muy logrados. Viste con túnica corta ceñida a la cintura y laboriosos pliegues en color marrón claro. Mide 1’40 x 0’50 x 0’40 x 0’74 metros.

 

XX/Año 2001: Descendimiento (Cofradía del Stmo. Cristo de la Misericordia)

El grupo escultórico representa el momento en que José de Arimatea y Nicodemus descienden el cuerpo sin vida de Jesucristo de la Santa Cruz,  en presencia de su Madre y del joven apóstol San Juan. Integrado por las cinco esculturas en tamaño natural, talladas en madera de cedro, en el año 2001, su volumen es impresionante.

De gran belleza y armonía, destaca por la complejidad del conjunto y realismo en la composición, con unas anatomías bien definidas, correctos pliegues, encarnaduras apropiadas, vistosa policromía, expresividad diferenciada en sus rostros, y disposición equilibrada sobre la extensión del trono.

Cristo

El cuerpo inerte del Redentor es el eje principal de la escena, destacable por su representación realista al ser descolgado de la Cruz por Nicodemus y José de Arimatea, pues se desliza con naturalidad y laxitud de un cuerpo humano sin vida, resultado del estudio exhaustivo y maestría del autor.

Su aspecto físico es estilizado y anatómicamente perfecto, digno del Hijo de Dios; cuyas medidas en la talla ascienden a 1,62 x 1,40 metros.La encarnación clara, casi transparente, contrasta con el resto de personajes. Su bello rostro, pálido y amoratado, aparece inmerso en una muerta serena, aunque las huellas del dolor padecido aún se vislumbran en las múltiples heridas producidas por el martirio sufrido.

Nicodemus

Subido a la escalera de madera asentadaa sobre la Cruz, se apoya con su pierna izquierda sobre el último peldaño, equilibrándose con la derecha en el cuarto escalón para poder soportar el peso de Jesús, agarrándolo con el brazo derecho por debajo de la axila, mientras que la cabeza del Maestro descansa sobre su hombro.

De mediana edad, con cabello corto y barba bien arreglada; su anatomía es robusta, y denota cierta fortaleza. Viste túnica encarnada con elaborados pliegues, ceñida por un fajín, y sandalias hebreas entrelazadas con cintas. Mide 1,78 x 0’70 metros, en talla de madera de cedro policromada.

José de Arimatea

En el lado opuesto, sigue con atención el desarrollo de la acción, mientras ayuda a Nicodemus con el cuerpo de Jesús, sujetando con la mano derecha la espalda, y la pierna con la izquierda.

 

Esta imagen presenta a un hombre de avanzada edad, visible por su anatomía y color canoso de su cabello, cuyas dimensiones ascienden a 1,82 x 1,66 x  0’75 metros, en madera policromada. La túnica azul ceñida por un fajín se mueve con soltura gracias a sus definidos pliegues.

María

Sedente, reposa la cabeza con amargura sobre San Juan, con los brazos caídos por el abatimiento, mientras mira fijamente a su Hijo.

Su bello semblante y delicada encarnación, muestran a una mujer joven; tocada por un sencillo pañuelo beige, y vestida con los simbólicos colores azul y rojo. Mide unos 0’94 x 0’80 x 82 metros, realizada en madera policromada, cuya pieza está unida a la de San Juan.

 

San Juan

Tras María, apoya la rodilla derecha sobre un peñasco, para equilibrar su posición y el contrapeso ejercido por la reclinación de ella. Dirige su mirada de ternura hacia María con quién parece entablar una conversación; al tiempo que la acoge y consuela al posar la mano diestra sobre su  hombro.

Porta una viva túnica ocre con fajín a la cintura, y va descalzo. Su aspecto roza la adolescencia, con un cuidado tratamiento de la anatomía, rostro imberbe y cabello de corta melena. Sus dimensiones oscilan los 1,82 x 82 x 1,40 metros, tallado junto a María en una misma pieza, demostrando el artista su destreza en el manejo de la gubia.

 

XI/Año 2003: Santa Mujer Verónica ( Cofradía del Stmo. Cristo de la Caridad)

Realizada en el año 2003, esta escultura representa a la santa con el paño donde queda impreso el rostro de Jesús. Tiene unas dimensiones de 1’70 x 0’65 x 0’84 metros, y el tamaño del paño oscila 0’88 x 0’45 metros, remarcando que es la primera vez en la Semana Santa de Murcia que se ejecuta un paño tallado, y sin policromía salvo el dibujo de la faz; siendo igualmente original la disposición de las manos de esta mujer con respecto a otras de similar iconografía.

Su rostro es melancólico y pleno de emoción dónde se aprecian algunas lágrimas que caen por sus mejillas. Vestida con una túnica azul con botonera cerrada, ceñida por un cíngulo marrón, se cubre por un pañuelo hebreo sin policromar, dejando entrever su cabello moreno. La totalidad de la imagen marca texturas distintas y novedosas, con  una precisión y calidad artística apreciables.

Dirige su mirada a Cristo y extiende la mano izquierda como si quisiera tocarlo y alabarlo, mientras prende una pequeña palma.

XII/Año 2007.- La Flagelación (Venerable Cofradías del Stmo. Cristo de la Caridad)

 

Este paso tallado en 2007, es  uno de los misterios dolorosos que desfila en segundo lugar en el cortejo penitencial de los corintios. Integrado por Jesús y un sayón, escenifica el momento en que un soldado romano está cortando con un cuchillo las cuerdas que sujetan a Cristo, quién se desploma ante el sufrimiento padecido.

Jesús

La imagen está tallada en madera, y policromada en tonos planos y ocres, con unas dimensiones que alcanzan los 1’82 x 1’12 x 0’92 metros.

Extenuado por el dolor tras el cruel episodio vivido, el rostro de Cristo es de gran belleza y serenidad; y su cuerpo parece gravitar antes de caer.

Soldado romano

El cuerpo del soldado se presenta bien definido en su anatomía y en su tamaño, tallado en madera policromada, sus medidas oscilan los 1’78 x 0’83 x 0’85 metros. Vestido como en la época romana, va calzado de botines de cuero. Este personaje se presenta en actitud de cortar con un cuchillo la cuerda que sujeta la muñeca izquierda de Jesús. Su faz detona cansancio debido al esfuerzo.

 

XIII/Año 2009.- La Coronación de Espinosa (Venerable Cofradías del Stmo. Cristo de la Caridad)

Este paso representa el tercer misterio doloroso de Santo Rosario, y fue llevado a cabo por Hernández Navarro en 2009, en sustitución del anterior grupo. En esta escena, Cristo aparece de pié mientras está siendo coronado por un esbirro romano, al tiempo que un segundo sayón permanece en el suelo, mofándose del Redentor en actitud burlesca.

Cristo

Erguido, no pierde su majestuosidad, sujetando la caña con la mano diestra, mientras en la muñeca de la siniestra continúa la cuerda de la flagelación. Su cabeza cabizbaja muestra un rostro pálido y sufrido, enmarcado por la cabellera ondulada que reposa sobre su torso. Esta escultura solamente se cubre por un paño de pureza de color blanco, que se le anuda junto a su cadera izquierda, mostrando una anatomía impecable, donde se vislumbran distintas heridas y hemorragias. Cuelga de su espalda el manto rojo señalado en las Escrituras. Tallada y policromada, las medidas del Redentor son 1’85 x 0’80 x 0’50 metros.

Esbirro coronando

Tras Jesús, un romano se dispone a coronarlo con rostro enfurecido mientras cierra la boca para demostrar su fuerza en la acción. Va vestido con una coraza metálica y guantes para evitar hacerse daño al agarrar las espinas. Mide 1’84 x 0’70 x 0’43 metros, en madera policromada.

Sayón de la caña

Ubicado a la derecha del Mesías, en el suelo y con la pierna semidoblada, se sale parte de su cuerpo del enmarque del trono, dejando su pierna sobre la tarima. Sonriente, señala con la mano izquierda al espectador el hecho cruel y mofa de la coronación. Destacar la torsión del verdugo, anatomía, y caracterización grotesca del personaje. Las medidas del esbirro son 1’60 x 1 x 0’50 metros.

XIV.- Stmo. Cristo del Amor en la Conversión del Buen Ladrón (Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado)

La escena representa el momento en el que Jesús está crucificado en el Santo Madero en el Gólgota, siendo acompañado en su suplicio por dos ladrones que también aparecen crucificados. La escena capta la secuencia del buen ladrón llamado Dimas cuando se dirige al maestro y le expresa su fe y obtiene de él la promesa de la salvación. Asimismo, en el otro lado del paso, aparecerá el otro malhechor llamado Gestas que se mofará del Salvador.

Los antecedentes de este paso en la Semana Santa de la ciudad de Murcia son inexistentes y los más cercanos a la capital del Segura los encontramos en la población de Jumilla, con el paso obra de José Planes Peñalver y fuera de nuestra provincia en la capital hispalenses concretamente en la Hermandad Monserrat con el crucificado de Juan de Mesa entre 1619 y 1620 y en la ciudad de Valladolid con el paso obra de Gregorio Fernández.

El grupo escultórico está integrado por tres imágenes talladas en madera de cedro real, todas ellas ejecutadas en tamaño natural y policromadas al óleo en mate con brillo. Los ladrones fueron atados o crucificados en una cruz “humilis”, y Jesucristo, en medio de ellos, en una cruz “sublimis”.

Estaba declinando la tarde de Viernes Santo y había prisa en la muerte de Jesús y de los ladrones. Herododo cuenta que algunos crucificados duraban varios días en la cruz. Para acelerar la muerte se encendía, a veces, una hoguera de apajas a los pies de los crucificados para provocar la asfixia. Otro método era utilizar la rotura de piernas con un golpe sobre las tibias. Al fracturarse estos huesos impedían el poder mantenerse sobre el clavo de los pies, acelerando la muerte, también por asfixia dada la imposibilidad de los movimientos respiratorios, sumando un nuevo traumatismo desencadenante de hemorragias y de shock. Esto ocurrió con los ladornes. Jesús ya muerto, no tuvo la necesidad de sufrir el certero golpe con el cruifragium.

Cristo del Amor

En el centro y presidiendo la escena y como eje de gravedad del grupo escultórico se sitúa el Redentor que dirige la cabeza hacia el malhechor arrepentido, y en actitud de diálogo, manifestándole al buen ladrón “que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El crucificado es una obra de un Señor vivo, y expresividad. No está Jesús colgado del madero, sino se alza con energía con los brazos paralelos al patíbulum o palo traversal de la Cruz, fijado al madero con tres clavos sujetados dos a ambas muñecas y otro último en ambos pies.

La magnifica talla del Señor del Amor está enmarcada  como el resto de la obra dentro de unos ideales clásicos y manieristas que propiamente, barrocos. El arte del maestro Hernández sufre una metamorfosis de carácter espiritual tal y como marcaba la Contrarreforma, con una tipología de figuras alargadas y delgadas. Cristo estará idealizado sin sufrimiento con unos  cánones más esbelto, el cabello lacio con mechones expresivos, nariz saliente, pómulos rectos, mejillas rehundidas, barba alargada. Sacrifica la anatomía y la proporción en beneficio de la expresión donde adquiere un valor fundamental. Esto le lleva a largar enormemente las proporciones con la intención de aumentar mucho más el misticismo y en consecuencia desdeña la sangre. La Cruz colgará el cartel de INRI, en latín, griego y arameo.

Dimas

A la derecha del maestro ocupando el puesto de honor dirige la mirada al Salvador y le súplica “acuerdaté de mí cuando vayas a tu reino”. La imagen del buen ladrón se nos presenta mulato de piel oscura de rostro bondadoso en disposición de dialogo con Jesús. Hernández rinde homenaje a la población cosmopolita del barrio del Carmen y utiliza en ambos ladrones personajes de diversos países en este caso un modelo vivo de un Cubano.

Gestas

El otro malhechor se encuentra ubicado a la izquierda del Redentor  revolviéndose hacia Jesús con una apariencia malvada y singular, con un rostro grotesco, pelirrojo, arquea sus cejas en forma oblicua, de ojos grandes. Barrigón y actitud nerviosa en su expresión.

 

 

 

 

 

Trono

Obra del tallista murciano D. Luis Vidal Nicolás en el año 1942, fue en la posguerra al ser destruido el anterior durante la contienda de julio de 1936, que era del tallista Sr. López Chacón. Tiene una capacidad de veinticuatro plazas para ser conducido por sus nazarenos estantes, y es el trono más ancho de la Semana Santa murciana.

La Archicofradía pagó el importe de 6.500 ptas. por el trabajo, pero cuánto al dorado fue ejecutado por D. Andrés Pujante con un coste de 1.500 ptas.

El trono de estilo Luis XV, es de planta rectangular con unas dimensiones de 3,5 x 2,75 x 0,75, posee ocho candelabros de los cuales, cuatro de tamaño grande, pero no iguales en su dimensiones, con 13 bombas en los traseros y 9 tulipas en los brazos delanteros; y los cuatro pequeños miden 0’75 y tiene 9 bombas cada uno.

Esta divido en dos plantas, una de varas de traza rectangular, y una segunda  en forma de escocia con pan de castilla enriquecida con adornos artísticos, mientras que las cuatro esquinas son de forma de escocia con volutas de las que sobresalen cresterías en ambos lados; y completando el trono cuatro escudos floreados sin alegorías. Fue restaurado por la empresa Asoarte que dirige Dª. María del Loreto López Martínez en 1999, volvió a ser intervenido por el prestigioso tallista murciano, Don Manuel Ángel Lorente Montoya.

 

 

El Santísimo Cristo del Amor en la Conversión del Buen Ladrón

La escena representa el momento en el que Jesús está crucificado en el Santo Madero en el Gólgota, siendo acompañado en su suplicio por dos ladrones que también aparecen crucificados. La escena capta la secuencia del buen ladrón llamado Dimas cuando se dirige al maestro y le expresa su fe y obtiene de él la promesa de la salvación. Asimismo, en el otro lado del paso, aparecerá el otro malhechor llamado Gestas que se mofará del Salvador.

Los antecedentes de este paso en la Semana Santa de la ciudad de Murcia son inexistentes y los más cercanos a la capital del Segura los encontramos en la población de Jumilla, con el paso obra de José Planes Peñalver y fuera de nuestra provincia en la capital hispalenses concretamente en la Hermandad Monserrat con el crucificado de Juan de Mesa entre 1619 y 1620 y en la ciudad de Valladolid con el paso obra de Gregorio Fernández.

El grupo escultórico está integrado por tres imágenes talladas en madera de cedro real, todas ellas ejecutadas en tamaño natural y policromadas al óleo en mate con brillo. Los ladrones fueron atados o crucificados en una cruz “humilis”, y Jesucristo, en medio de ellos, en una cruz “sublimis”.

Estaba declinando la tarde de Viernes Santo y había prisa en la muerte de Jesús y de los ladrones. Herododo cuenta que algunos crucificados duraban varios días en la cruz. Para acelerar la muerte se encendía, a veces, una hoguera de apajas a los pies de los crucificados para provocar la asfixia. Otro método era utilizar la rotura de piernas con un golpe sobre las tibias. Al fracturarse estos huesos impedían el poder mantenerse sobre el clavo de los pies, acelerando la muerte, también por asfixia dada la imposibilidad de los movimientos respiratorios, sumando un nuevo traumatismo desencadenante de hemorragias y de shock. Esto ocurrió con los ladornes. Jesús ya muerto, no tuvo la necesidad de sufrir el certero golpe con el cruifragium.

 

Cristo del Amor

En el centro y presidiendo la escena y como eje de gravedad del grupo escultórico se sitúa el Redentor que dirige la cabeza hacia el malhechor arrepentido, y en actitud de diálogo, manifestándole al buen ladrón “que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El crucificado es una obra de un Señor vivo, y expresividad. No está Jesús colgado del madero, sino se alza con energía con los brazos paralelos al patíbulum o palo traversal de la Cruz, fijado al madero con tres clavos sujetados dos a ambas muñecas y otro último en ambos pies.

La magnifica talla del Señor del Amor está enmarcada  como el resto de la obra dentro de unos ideales clásicos y manieristas que propiamente, barrocos. El arte del maestro Hernández sufre una metamorfosis de carácter espiritual tal y como marcaba la Contrarreforma, con una tipología de figuras alargadas y delgadas. Cristo estará idealizado sin sufrimiento con unos  cánones más esbelto, el cabello lacio con mechones expresivos, nariz saliente, pómulos rectos, mejillas rehundidas, barba alargada. Sacrifica la anatomía y la proporción en beneficio de la expresión donde adquiere un valor fundamental. Esto le lleva a largar enormemente las proporciones con la intención de aumentar mucho más el misticismo y en consecuencia desdeña la sangre. La Cruz colgará el cartel de INRI, en latín, griego y arameo.

Dimas

A la derecha del maestro ocupando el puesto de honor dirige la mirada al Salvador y le súplica “acuerdaté de mí cuando vayas a tu reino”. La imagen del buen ladrón se nos presenta mulato de piel oscura de rostro bondadoso en disposición de dialogo con Jesús. Hernández rinde homenaje a la población cosmopolita del barrio del Carmen y utiliza en ambos ladrones personajes de diversos países en este caso un modelo vivo de un Cubano.

Gestas

El otro malhechor se encuentra ubicado a la izquierda del Redentor  revolviéndose hacia Jesús con una apariencia malvada y singular, con un rostro grotesco, pelirrojo, arquea sus cejas en forma oblicua, de ojos grandes. Barrigón y actitud nerviosa en su expresión.

Iglesia del Carmen

En los terrenos de los barrios moros Rabad-alcadid y  Alhajilla, ubicados al otro lado del río y extramuros de la ciudad, parece ser que hubo una mezquita denominada Alhariella, y el camposanto Almohajar.

En torno al S. XIII,  se encontraban sometidos a un pleito los Sres. de Murcia y el Sr. Obispo Comontes, dando lugar a una escritura el 1 de agosto de 1451, en la se cedían los terrenos a la ciudad a cambio de la construcción de una ermita dedicada a San Benito, por el artífice Deán Don Martín Selva, y cuyos terrenos se cercaron, a excepción de una tahulla dónde se plantaron naranjos.

En 1584, un 20 de Marzo, el fraile carmelita calzado, Fr. Juan Gallego, expuso ante el Cabildo de Sres. de Murcia la necesitad de fundar un convento, ya que en la ciudad no existía ningún otro de esta orden.

El Obispo Don Jerónimo Manrique de Lara aceptó la propuesta, nombrando dos regidores, los Sres. Rocamora y Sandoval, otros dos jurados los Sres. Lorca y Ximenez, e incluso contactó con el Prior en Andalucía de los Carmelitas, Fr. Jerónimo Ferrer, y bajo la dirección de Diego de Castro, a la que la ciudad otorgó 500 ducados y le señaló el lugar que le correspondía. Sin embargo, la orden de los hermanos Agustinos situados en el convento de la Arrixaca no estaban de acuerdo con la presencia de los hermanos carmelitas en la ciudad y se personaron con su prior en el Ayuntamiento, apelando a la bula de Su Santidad Clemente IV, que decía que ningún convento podría construirse a menos de 300 casas; aunque también advirtieron que eran los más antiguos y que podría disminuir la devoción a Nuestra Señora de Arrixaca, así como las limosnas.

Todo este ambiente desencadenó con la invasión de los Agustinos en la casa de los Carmelitas, apropiándose de la bonita campana, del altar y de las llaves de la puerta, consiguiendo así el objetivo de tenerlos extramuros.

Este asalto fue expuesto por Fray Diego de Castro al Ayuntamiento que les concedió otros 500 ducados, y la cesión de la ermita de San Benito con escritura pública de fecha de 20 de marzo de 1586, en presencia de Don Gaspar Ruiz de la Roda, ocupando los terrenos que dónde hoy están ubicados el colegio, instituto y gran parte de las calles del barrio hasta la prolongación del Huerto Capuchinos.

La reconstrucción de un nuevo convento en 1634, fue paralizada debido a la oposición de los hermanos Franciscanos, por lo que permanecieron en San Benito, edificando el convento en 1654.

El 18 de abril de 1721, el Prior Fraile Juan Álvarez Banderas convocó una asamblea de la comunidad al son de campanas, y les manifestó que Don Juan Palmero, Penitenciario, daba 4000 reales para la edificación de la nueva Iglesia; e incluso solicitó el Prior al Ayuntamiento la cesión de 170 palmos de longitud por 66 de ancho para comenzar las obras.

La actual y definitiva iglesia del Carmen tardó en construirse casi medio siglo, instalando la primera piedra el 14 de septiembre de 1721, y finalizando el 1 de julio de 1769, cuyas obras fueron dirigidas por el Fray arquitecto Francisco Chover, y se pudieron concluir gracias al matrimonio molinero Don Felipe García y Doña Catalina Faz. Fue bendecida al día siguiente, con el traslado del Santísimo desde la Santa Iglesia Catedral, y suntuosos festejos que duraron nueve días.

Paralelamente, gracias a los Señores de Murcia se construyó una gran alameda desde el puente hasta la Iglesia con la intención de embellecer el entorno, quedando configurada la actual Alameda de Colón.

De aquel convento sólo queda en pie la portería, debido a las desamortizaciones y revoluciones acontecidas; al igual que la Iglesia, pues sufrió un gran saqueo durante la Guerra Civil española, teniendo que ser restaurada ampliamente hasta el año 1963.

El acceso al templo se produce a través de una gran puerta presentada con forma de arco de medio punto labrada en piedra, su estilo es barroco y aparece flanqueada por cuatro pilastras que soportan un entablamento con distintos escudos y alegorías,  destacando en la parte superior tres nichos con frontones que contienen en los laterales a los santos Felipe y Catalina, en referencia al insigne matrimonio donante por su generosidad; mientras en el centro de la fachada una ventana enrejada guarda una vidriera alusiva a la virgen y que ilumina el interior del coro. Corona la fachada un medallón en forma de piedra dadivosa que representa a la titular de la Arciprestal, Ntra. Sra. del Carmen, y la remata una sencilla cruz en piedra. Flanqueando la majestuosa fachada se alzan dos torres con sendos campanarios finalizadas en cimborrios de linternas sobrepuestas.

La planta tiene forma de cruz latina con capillas claustrales alineadas que se comunican, y un altar de nueva factura tras la destrucción del anterior en la Guerra Civil. Siendo cura párroco Don Antonio Garrigós, encargó el proyecto de un nuevo pero sobrio retablo y zócalo de mármol para paliar el vacío del Altar, con dos grandes columnas de capiteles corintios a ambos lados y frontón en mármol blanco partido, coronado por un Cristo Crucificado del escultor Don Antonio Garrigós, padre del sacerdote párroco que efectuó el encargo de este proyecto, cuya obra fue llevada a cabo entre 1957-60 de tamaño superior al natural, y un aceptable estudio en su anatomía, llegando a ser considerado como unas de sus mejores obras.

El camarín de estilo barroco tallado y dorado, alberga la patrona de los carmelitanos, Ntra. Sra. del Carmen, obra atribuida al maestro Nicolás de Bussy, que fue salvada durante la Guerra Civil por la familia de Don José Hernández Mora, quienes la escondieron en su propia casa. Tras su regreso fue sometida a una amplia restauración durante el año 1993, por el restaurador Don Manuel Mateo.

Alusivo a la imagen, cabría mencionar entre su ajuar el vestido, manto y escapulario que donó la reina Isabel II; dos coronas doradas y una de plata de ley; y dos cetros, uno de plata y otro dorado; añadiendo que porta el  fajín de generala, bastón de manto y condecoración militar; así como las distinciones de la insignia de oro de la Archicofradía, y la de la peña el Tablacho, entre otras. Su camarera es Doña Josefa López de Imbernón.

La recuperada Cofradía del Carmen le rinde digno culto y prepara con solemnidad la procesión en el día de su onomástica, a la que acude gran afluencia de gente con la mayor devoción.

La Iglesia estuvo decorada con pinturas del afamado artista italiano Paolo Sistori, a finales del S. XVIII, de las que todavía quedan ciertos vestigios en algunas bóvedas de las capillas, muy retocados y sin la calidad adecuada. De hecho, existe el testimonio publicado del escritor y Director General de Patrimonio, Don José Ibáñez, que manifestaba que las capillas del Carmen estaban cerradas y eran independientes no comunicándose entre sí, pero el cura párroco Don Sotero González Lerma, anterior a la Guerra Civil, mandó derribar dichos paramentos, con la consecuente destrucción de las pinturas de Sistori, personándose el consejo de patrimonio Español que logró paralizar las obras, aunque el destrozo había sido ya casi total.

La primera capilla de la izquierda está enrejada y alberga el nuevo grupo escultórico del Stmo. Cristo del Amor en la Conversión del Buen Ladrón, obra del afamado escultor murciano, Don José Antonio Hernández Navarro, que procesiona en la tarde-noche de Jueves Santo que organiza la Archicofradía de la Preciosísima Sangre.

La siguiente capilla está dedicada a la réplica de Ntra. Sra. del Pilar, costeada por quien fue presidente de la Archicofradía de la Sangre, Don Julián Pardos Zorraquino, originario de Zaragoza.

Anexo, aparece en lugar de una capilla, una puerta que comunica con la portería del antiguo convento, donde conduce a la nueva capilla del titular de la Archicofradía, el Stmo. Cristo de la Sangre, obra de Nicolás de Bussy en 1693 y en lateral, la imagen de vestir de la Virgen de la Soledad, titular de la procesión de la Soledad que organiza la Archicofradía de la Sangre, realizada por el escultor Antonio Campillo en 1985, y que desfilaba en la procesión de Jueves Santo.

que fue construida recientemente por la entidad pasionaria en colaboración con otras entidades financieras.

La tercera capilla aparece ocupada por una pintura de grandes dimensiones que representa la escena de la Virgen del Carmen con las ánimas benditas, debida al pincel de Don José Almela Costa.

La Milagrosa, es una talla de buena factura y pequeñas dimensiones que preside la siguiente capilla; a la que sigue en el crucero del Evangelio, sobre una hornacina y muy próxima a la Sacristía, la venerada imagen de Nuestra Señora de Fátima, delicadísima obra del escultor murciano Don José Molerá Jiménez, en el año 1961, de tamaño menor al natural, en el aparece la santa con las manos juntas, y un excelente movimiento en el plegado de su túnica.

En el colateral del presbiterio de reciente incorporación la imagen del Cristo de Medinaceli, obra del escultor de Cox, Ramón Cuenca Santo en 2011, la capilla fue diseñada por el escultor Juan González Moreno en 1963, donde se emplearon mármoles blancos y rojos traídos desde Abarán.

Respecto a las capillas distribuidas en el lado derecho, la primera contiene un cuadro de la Santísima Trinidad, seguida por la dedicada a la Dolorosa, imagen de vestir del escultor Sánchez Lozano; la siguiente presenta una pintura dedicada a la Inmaculada, de Almela Costa; y la cuarta, una escultura de Santa Teresa de Jesús, procedente de Olot, en el lugar que ocupaba la que fue destruida durante la Guerra Civil y fue atribuida a Salzillo por el estudioso Tormo.

En el crucero derecho, se alza un retablo tallado en madera que alberga la grandiosa escultura de un Sagrado Corazón de Jesús, de tamaño natural, en madera policromada, dorada  y estofada, del artista Don Juan González Moreno. Sobre una peana dorada con dos cabezas de querubines, Jesús se nos muestra sereno, de acertado plegado en su túnica, y en actitud de comenzar a caminar.

Como conclusión, la capilla de la Comunión posee un bellísimo retablo presidido por la gran obra escultórica de la Inmaculada Concepción del escultor Francisco Salzillo, considerada como una de las más bellas reproducciones del maestro, dónde a los pies de María, un ángel niño sostiene una flecha para luchar contra el dragón. Durante la Guerra Civil la imagen fue mutilada, por lo que hubo de ser restaurada. A ambos lados, le escoltan dos pequeñas esculturas de San Joaquín y Santa Ana, y que han sido recientemente restauradas.

 

 

Historia

 

Fue el 14 de Abril de 2010, cuando la el Presidente, Carlos Valcárcel Siso y su Junta Directiva de la Real, Muy Ilustre, Venerable y Antiquísima Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo aprobó por unanimidad la aceptación del proyecto presentado por Antonio Barceló López, Antonio González Quirós y Gonzalo Culebras Paredes, sobre la constitución del nuevo paso denominado “Santísimo Cristo del Amor en la Conversión del Buen Ladrón”, obra que fue encargada al prestigioso escultor murciano, Don José Antonio Hernández Navarro, con destino a la procesión de Jueves Santo, organizada por la Archicofradía. El grupo escultórico estaría compuesto por Jesús del Amor, advocación ideal para el Jueves Santo, por ser el día del Amor Fraterno y los dos ladrones, San Dimas y Gestas, representado el momento de la conversión del buen ladrón.

Unos meses más tarde, sería ratificado el proyecto en el Cabildo General Extraordinario celebrado el tres de Junio de dos mil diez con exposición pública de la maqueta de la obra siendo aprobado por unanimidad de los asistentes.

El grupo de cofrades hizo este proyecto con intención de hacer coincidir el estreno del paso con el Sexto Centenario de la fundación de la Archicofradía y como aportación generosa de un colectivo de cristianos y nazarenos murcianos que deseaban engrandecer el patrimonio de la Archicofradía al sentirse fuertemente vinculados a la Institución y al amor que profesan a su venerado titular, el “Santísimo Cristo de la Sangre”, compartiendo con humildad y jubilo el ofrecimiento del paso.

Definitivamente fueron nombrando como primer Cabo de Andas Fundador a Antonio Barceló López para regir, mandar y designar a los componentes de la dotación del paso, nombramiento que se realizó con carácter vitalicio, siéndole de aplicación los derechos de sucesión que mandan las constituciones.

También fue designado como Cabo de Andas Fundadores ayudantes por petición de Antonio Barceló López a sus compañeros del proyecto en el siguiente orden jerárquico Don Antonio González Quirós y Don Gonzalo Culebras Paredes.

La obra escultórica fue abonada por todos los integrantes del nuevo paso con gran sacrificio dada la situación economía que atravesaba el país en estos tiempos de crisis y posteriormente la donaron a la Archicofradía de la Sangre, según consta en Escritura de Acta de Manifestaciones  otorgada por Antonio Barceló López ante el Ilustre Notario de Murcia, Don Carlos Peñafiel de Río, estando autorizada con fecha de treinta y uno de marzo de dos mil once, bajo el número de su protocolo Setecientos cuarenta y cuatro, constando de ochos folios de papel notarial de la serie AI números 7.421.867 y sus anteriores correlativos y con anexo de los estantes fundadores que firmaron su conformidad y donación a la Archicofradía de la Sangre. La Archicofradía acepto la donación, siendo su fin, participar todos los años en la procesión de Jueves Santo y recibir culto público en la Arciprestal del Carmen o su exposición como obra artística en el futuro Museo y que se cuide éste en las mejores condiciones de conservación para el bienestar de la obra escultórica.

Por su parte, la Archicofradía de la Sangre cedería anualmente el trono de la Samaritana, obra del tallista murciano Vidal para poder componer el paso de misterio.   Todos los utensilios como estantes, almohadillas, carro y túnicas serán cedidos por la Archicofradía para su uso en la procesión de Jueves Santo.

El sábado, dos de Abril de 2011 tuvo lugar, en la Iglesia Arciprestal de Nuestra Señora del Carmen, la bendición del nuevo paso. La solemne ceremonia estuvo presidida por el Párroco del Carmen y Consiliario de la Archicofradía, Don José Carrasco Pellicer, con acompañamiento musical a cargo del Orfeón Fernández Caballero.

Al finalizar la Eucarística se procedió al acto de cesión de la propiedad de las imágenes a la Archicofradía, por parte de todos los Cofrades promotores del proyecto.

El acto de Bendición contó con la presencia del escultor que talló las tres imágenes, Don José Antonio Hernández Navarro quien, tras el acto, pasó por la sede de la Archicofradía para estampar su firma en el libro e Honor del VI Centenario.

El Jueves Santo, veintiuno de Abril de dos mil once, fue el estreno del nuevo paso y asimismo se produjo diversos cambios muy significativos en la procesión de la Soledad como fue el nuevo horario de las 18’30 horas, pasando a ser de procesión nocturna de madrugada a ser vespertina.

 

 

 

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